Noche Buena

Estoy feliz, pero al mismo tiempo como apagada, como desenchufada, una mezcla de emociones que me asaltaron el 24 y de las que no he podido deshacerme del todo. No lo entiendo bien, lo que me queda muy claro es que el personal no médico de mi clínica de fertilidad necesita que lo capaciten mejor (o que lo cambien).

24 de diciembre

Suena el teléfono a las 6:30 a.m. me despierto de un salto, sé que es de la clínica para darme noticias de mi embrioncito:

– Lamentablemente el embrión que descongelamos ayer no es viable para una transferencia –suena una voz con tono de cuánto lo siento.
– Ah… –intento dar una respuesta mientras la cabeza me da vueltas y siento que voy cayendo por el agujero de Alicia sin país de las maravillas y mi esposo-oso me mira intrigado con los ojos bien abiertos.
– … sin embargo –continua la voz – hemos logrado descongelar un segundo embrión que se ve muy bien y usted deberá estar en la clínica hoy a las 11 a.m. con la vejiga llena.
– A las 11 a.m.  –repito aliviada, casi feliz, pero todavía cayendo por el agujero confundida, mientras mi oso sonríe y con sus ojos me dice, son buenas noticias ¿verdad? ¿por qué tienes esa cara?

La transferencia fue un proceso bastante sencillo. Nada que ver con la punción, que a mí, a diferencia de lo que leo en la mayoría de blogs, me la hicieron despierta, y si a eso le sumamos que tenía yo 20 y algo folis y mucho dolor por el SHO, entenderán que fue una experiencia como diseñada por la inquisición. Pero la principal diferencia fue que a la punción llegué muy leona y llena de esperanza. En la transferencia me la pasé esperando malas noticias, que se cancele, que algo salga mal.

Creo que fue la telefonista que me despertó con esa frase… ¿Qué pasó con eso de tengo dos noticias, una buena y una mala, cuál quieres primero? Y no solo eso, cuando estaba siendo instalada por la enfermera, llega la embrióloga a presentarme a mi embri en un inglés imposible. Ella habla y oso y yo nos miramos intrigados ¿qué ha dicho? Repite. Nada. Me doy cuenta que el acento es brasileño y le pido que me lo diga lentamente en portugués. Titubea un poco insegura:

– Tuvimos que descongelar dos embriones porque el primero no era viable (vale, ya lo sabemos), lo bueno es que el segundo se ve bastante bien, es calidad B (¡qué bueno!). Así que ya no les quedan más embriones (¿qué?!!!).
– Puede repetir eso último –interrumpe oso.
– Que ya no queda ningún embrión congelado –en inglés y visiblemente nerviosa.
– Pero eran cuatro… –balbuceo yo, mientras alguien se nos acerca de prisa. Es su jefe.
– No, no, ellos tienen dos congelados todavía –mientras le quita los papeles de la mano y nos muestra que nuestra historia lo dice claramente. Todo en orden.

Al final lo que importa, me digo, es que todo salió bien. Tengo un embrioncito abriéndose camino dentro de mí y 2 congeladitos esperando su turno. Y espero que poco a poco la felicidad pueda hacerse campo y destronar a los miedos, la inseguridad y esta sensación extraña que la telefonista y la embrióloga me dejaron en la tripa.

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4 comentarios en “Noche Buena

  1. Madre mía chica! no gana una para sustos! A esas dos hay que darles un curso claro y conciso de “como tratar con un paciente de fertilidad” para evitar esos errores garrafales… vaya panda!
    Que guay con el embrioncillo dentro ya y a esperar las buenas noticias. Un besote enorme y Feliz Navidad!

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