Luna llena de lunáticos

Hace unas semanas, en mi diario de viaje, escribí este texto. Era la primera escribía sobre la infertilidad:

Tenía tantas ganas de venir a Yogyakarta. Y acá estoy, con ganas de irme a cualquier otra parte. Llegamos ayer de Kuala Lumpur. ¿Por qué no nos quedamos más en Kuala Lumpur? ¿O en Melaka? Qué bonito estuvo Melaka. Sus calles, sus lagartos, y ese bar lleno de gatos en el que tomamos cervezas con malasios descendientes de indios, malayos y chinos, y algunos turistas, todos de Europa, y nosotros, los únicos sudacas a la vista.

Pero yo desesperada por venir a Yogyakarta y ver esta noche el espectáculo de Ramayana en Prambanan a la luz de la luna llena. Pero la luna llena ha tenido otros planes para mí; me ha traído, muy puntual ella, a Andrés (como  le decimos en Perú). O sea el que te viene cada mes. O sea la regla. Y a mí me viene  con la luna llena, y con unos dolores espantosos que me postran en la cama el día entero.  Así que nada de a Prambanan en TransJogja para ahorrar, ni de ballet de Ramayana. Solo la luna desde la ventana del cuarto de hotel. Al menos este tiene ventana, no como el de Johor Bahru… Y debería ser la más agradecida de la tierra, como me enseñaron a ser mis papás y las monjas del colegio, por este viaje maravilloso. Pero hoy no me da la gana. Hoy estoy infininitamente triste. La luna llena entre mis piernas me recuerda que no soy madre, que por alguna puta razón no soy madre. Una vez más.

De los ocho años que llevo casada, los últimos cuatro intento tener un hijo. Los médicos insisten en que todo se ve bien, y por mucho tiempo me mandaron a mi casa a relajarme. Pero a fines de 2013 me dijeron: no sabemos que es, pero te proponemos una FIV (fertilización in vitro). No tengo palabras para explicar lo que sentí. Lo que siento. De repente si sigo escribiendo.

Pero de pronto pasan los calambres y soy otra. Tengo toda la energía del mundo.

–  Vamos a dar una vuelta por Malioboro.
–  ¿Ya te sientes bien?
– ¡Cómo nueva!
– Pero ya debe estar todo cerrado.

(Mi Oso tiene la costumbre de creer que siempre está todo cerrado).

Pero  Malioboro vibra con sus tiendas de artesanía, sus puestos de comida, sus becaks y sobre todo, los músicos. Esa guitarra me devuelve un poco de alegría, podría quedarme parada escuchándola horas, pero Oso tiene hambre. Hay que encontrar un restaurant. ¡Antes de que esté todo cerrado!, claro.

¿Sabes lo que es entrar al baño, ver que te ha venido la regla y sentir una tristeza que parece infinita? ¡Bienvenida al Club!

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6 comentarios en “Luna llena de lunáticos

  1. Hola! Me he pasado a echarle un vistazo a tu blog. La verdad es que “Andrés”, como le llamas tú, siempre llega en mala hora. Cuando eres adolescente, nunca quieres verlo porque ese día seguro que querías hacer mil y una cosas y te fastidia ese dolor de tripa. Y ahora que deseas perder de vista a Andrés para tener un bebé, siempre aparece para hacerte más larga aún la espera. A mí me desanima cuando veo la mancha, pero tenemos que ser optimistas. Nuestra vida es nuestra, y esa sangrado de MIERDA no debe amargarnos!!! Un saludo y muchos ánimos. Me quedo por aquí!! 😉

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  2. Me siento muy identificada con este post. Yo he llorado hasta en baños de restaurantes porque me había venido la regla. Ahora tengo mi larvita creciendo dentro de mí, pero nunca olvidaré esos largos años. Un abrazo.

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